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Palmosa, ¿ qué hay de nuevo vieja ?

» Eres más viejo que La Palmosa” es un antiguo dicho palmeño que hace referencia a estas tierras que, desde antiguo, pertenecieron a los vecinos de Palma del Río. Desde tiempo inmemorial las tierras de La Palmosa formaron parte de las tierras comunales de la villa de Palma; esto quiere decir que pertenecían a todos los vecinos y todos podían servirse de ellas para subsistir. La Palmosa en concreto era una dehesa de pasto comunal donde las familias llevaban el ganado que poseían, donde se cortaba la leña para calentarse, donde se cazaba y donde se recolectaban plantas y frutos como la bellota, que ayudaban a la subsistencia en épocas de escasez -con la bellota, sin ir más lejos, se amasaba un pan cuyo componente era la harina de bellota-.

En una villa donde la mayor parte de las tierras de cultivo y dehesas eran propiedad de los grandes terratenientes, ya podemos imaginar la importancia que lugares como La Palmosa tenían para los vecinos. Desde el siglo XVI está constatado el proceso de cómo las tierras comunales van siendo usurpadas. Primero, pierden su carácter comunal y pasan a ser “de propios”; es decir, ya no se consideraban del común de vecinos sino propiedad de los ayuntamientos, y estos se servían de su arrendamiento a particulares para disminuir los agobios fiscales a los que los sometía un Imperio siempre ávido de hombres y dinero para la guerra exterior. Como los cargos de los concejos o ayuntamientos solían recaer también en los miembros de la poderosa élite local o en sus testaferros -la palabra corrupción no es un invento muy actual, que digamos- es comprensible que éstos no hicieran gran cosa para evitar el despojo. Muy al contrario, la existencia de una masa de jornaleros, que ya no poseían ni el respiro de las tierras comunales para su subsistencia, tuvo que venirles al pelo para contar con una mano de obra absolutamente dependiente del trabajo que quisieran proporcionarles con sus tierras y ganados.

                                                 Foto Saxoferreo

Mucho ha llovido desde entonces pero parece, en muchos aspectos, que estemos igual. La Palmosa es propiedad de la Junta de Andalucía y nuestros gobernantes locales y autonómicos, elegidos en las urnas, hacen y deshacen con ella como hacían y deshacían los del siglo XVI, sin que exista apenas resistencia por parte de sus legítimos dueños, los vecinos de Palma del Río quienes, estoy segura, hasta desconocen en su mayor parte que estas tierras sean públicas. Este desconocimiento y el abandono de su responsabilidad por parte del común es el abono de la desgana, el desinterés y la incompetencia que nuestros gobernantes ejercitan con largueza en lo que a La Palmosa se refiere. Así, se permiten el lujo, por ejemplo, de destruir el yacimiento arqueológico que allí existe por el procedimiento de negar dicha existencia, lo cual es el medio más seguro para rehuir y escaquearse de su conservación, estudio y tutela, aunque conlleve también el mayor de los desprecios hacia algo que nos concierne, nos toca y nos pertenece como pueblo. Y ¿de qué vamos a extrañarnos si nosotros mismos, el común, consideramos ese patrimonio como ajeno y somos insensibles a la valía que posee? Y no me refiero a lo material, a los cuartos, a los dineros a los que algunos -en cuestiones de Patrimonio- están tan atentos; me refiero a lo intangible, a la dignidad que proporciona a un pueblo, al común, intervenir en lo que le concierne.

 

Desde hace más de una década ha habido más de un proyecto fallido para La Palmosa. En 2008 se iba a convertir en un área recreativa y turística. Se sacó el oportuno concurso e incluso se adjudicó provisionalmente en 2009 a la empresa Decuma Racing S.L. Esta empresa se había constituido el 29 de julio de 2008 con un capital social de 3.000 euros (un mes después de que la comisión de Ciudad del Ayuntamiento de Palma del Río diese el visto bueno al proyecto del área turística, el 19 de junio de ese mismo año). Tras la adjudicación provisional, nada más supimos del proyecto hasta que en el pleno municipal de 27 de mayo de 2010 el concurso para la explotación de la finca y el área recreativa se declara desierto, pues Decuma Racing S.L. aún no había acreditado la garantía necesaria de 90.000 euros para el proyecto (un 5 por ciento del valor del terreno). Al parecer, el proyecto nació del capricho por los rallyes de unos cuantos jóvenes empresarios palmeños, a los cuales se les pasó cuando la crisis hizo mella en sus negocios y tuvieron que dedicarse a cosas más urgentes. Lo que nació como un capricho murió cuando acabó el encaprichamiento.

En el año 2017 también surge otro proyecto. El alcalde lleva al pleno de febrero el proyecto Orangeland o “Naranjalandia”, en nuestro bendito idioma. Un proyecto presentado por la empresa  Orange Be Global Ltd, que despierta enseguida la suspicacia de toda la oposición política. Se trataba de una especie de factoría de zumos con parque temático  incluido, que giraría en torno al cultivo y aprovechamiento del cítrico. Así dicho no estaba mal, lo que ocurría es que el proyecto que presentaban dejaba bastante que desear. En primer lugar, la carta de presentación al alcalde estaba traducida al español con el google translator, lo cual ya sonaba a poco serio. Encima, el proyecto denotaba un desconocimiento total del municipio en el que pretendían instalarse: afirmaba, por ejemplo, que en Palma del Río hay dos hospitales (¡qué más hubiesen querido los andalucistas!); recogía numerosas fotos de internet que no eran de Palma sino de otros pueblos y cosas tan peregrinas como que tenemos un museo de Arte y Costumbres Populares localizado en el Castillo de La Yedra (o La Yedra Castle, como decía el texto). Por cierto, que el museo, según esta empresa, tiene tres pisos, una capilla con un Cristo Bizantino y una sala con una colección de armas del siglo XVI al XVIII.  Bueno, y para morirse ya cuando el texto señala que In one of the rooms (del supuesto museo) there is a reconstruction of a typical Cazorla kitchen”. No comments. Y olvidaba decir que, para completar el cuadro, no aportaba ningún dato, estudio, etc. sobre viabilidad económica o forma de gestión de “Naranjalandia”. No me explico cómo esto llegó a pleno. Al final se acordó:

 

“Instar al Área Municipal de Desarrollo Local y a los Servicios Técnicos Jurídicos y Urbanísticos de este Ayuntamiento a realizar un estudio y análisis de las posibilidades e idoneidad de realizar el proyecto “Orangeland” en Palma del Río, y concretamente en la finca La Palmosa”.

 

De este estudio nunca más se supo. Quizás el quid de la cuestión estaba en el otro acuerdo que tuvo lugar en este mismo punto:

 

“Solicitar a la Junta de Andalucía la valoración de los terrenos de la finca La Palmosa señalados en el plano que se adjunta y que pudieran ser objeto de uso para la implantación del proyecto. Posteriormente estudiar la posibilidad de comprar o alquilar los terrenos señalados”.

 

¿Es posible que el proyecto de “Naranjalandia” fuese la excusa para comprar a la Junta de Andalucía La Palmosa en un momento en que le hacía falta dinero como el comer? ¿Era parte de la estrategia del PSOE de Andalucía de acelerar el proceso de enajenación de tierras públicas antes de que saliese la nueva Ley de Agricultura que la obligaría a poner en valor tierras como esta? No lo sé. El caso es que se abrió la posibilidad de que La Palmosa pasase a ser propiedad del ayuntamiento y volvió a resucitarse el Proyecto de Área Turística y Recreativa para la finca (en el pleno de julio de 2017). De eso hace dos años y aún no saben los vecinos qué va a ocurrir con La Palmosa. Y seguirán sin saberlo, si no les importa.

 

Capítulo aparte merecería la reforestación de la zona (también con dinero público). La ha habido en algunas áreas mediante subvenciones (en 2009, por ejemplo, se solicita una subvención para ello a la Junta de Andalucía) y el resultado ha sido penoso, la única palabra que se me ocurre para describir la siembra de pinos y encinas alternativamente, en hileras y con escasa separación entre sí. Lo más alejado de la restauración ecológica del monte mediterráneo que se pudiera concebir, porque ¿cuántos montes hemos visto con los árboles plantados así, como en un vivero? Sencillamente hilarante (o mejor, decir “hilerante”). “Al menos no han plantado pinos”, me dijo un amigo biólogo a quien le referí el caso. ¡Ja! Aquí somos tan chulos que no sólo los plantamos aunque no sean una especie del monte mediterráneo, sino que además los ponemos entre encina y encina. Ahí es nada.

 

Y, para terminar (ahora que todos los partidos andan buscando ideas para sus programas) quiero proponer lo siguiente, de todo corazón y plenamente compartido por mis compañeros de Cazarreyes y del Colectivo Ateneo: que se haga un plan serio de uso de La Palmosa para todos los vecinos de este pueblo y de la comarca. Que abarque el Patrimonio Arqueológico que allí existe y el medio ambiente. Que se haga del lugar un pulmón verde, de paseo, de ocio, de cicloturismo, de disfrute… Que se reforeste la zona con un criterio ecológico y respetuoso… En definitiva, actuar en La Palmosa como bien común, compartido, necesario, sentido por todos.

 

 

Un artículo de Rosa María García Naranjo.

 

 

2 Comentarios

  • José Fernández Ruiz

    Magnífico artículo amiga Rosa. Sobre la Palmosa había mucho que decir y tú lo has expuesto todo con una claridad absoluta, así que para que vamos a decir nada más. Eso sí, que no vaya a añadir nada más, no quita que no se puedan calificar todas las acciones que has comentado en él.
    Faltan adjetivos para calificar todo lo hecho en esta finca, adjetivos calificativos o más bien habría que decir, adjetivos descalificativos en este caso. Se me ocurren algunos:

    Ladrón, embustero, estúpido, ignorante, raspalindes y los que quieran añadir otros lectores.

    Ladrón, tanto cuando se privatizó como cuando volvió a expropiar, la administración miró muy mucho por el beneficio de los terratenientes en detrimento del pueblo llano.

    Embustero, los representantes de la administración mintieron hace poco menos de un año al decir que no había sido afectado nada del patrimonio palmeño, pues en su suelo no había ningún yacimiento arqueológico.

    Estúpido, sin duda hay que serlo para hacer siquiera un mínimo de caso a un proyecto como el denóminado en este artículo Naranjalandia.

    Ignorante, a nadie con un poco de conocimiento de lo que es el bosque mediterráneo y con dos dedos de frente, se le puede ocurrir hacer una reforestación como la efectuada en la Palmosa. Como se dice ahora, ignorante no, lo siguiente.

    Raspalindes, este último es solo que me gusta. Queda bien ¿verdad? Raspalindes, que sois todos unos raspalindes.

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