La celebración de las próximas Elecciones Autonómicas en Andalucía nos recuerda que disponer de una identidad suficientemente fuerte y cohesionadora, con una capacidad de autorreconocimiento, pudo servir de base a los intentos protagonizados por el conjunto de personas y de organizaciones que se encuadran en lo que se ha llamado Andalucismo Histórico.
La traducción de esa identidad en el terreno de la política, mediante la reivindicación de autogobierno, se plasmó en la publicación (Sevilla, 1915) de la obra de Blas Infante, “Ideal Andaluz. Varios estudios acerca del Renacimiento de Andalucía”, memoria presentada a la Sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo de Sevilla, leída el 23 de marzo de 1914.

Primera edición de » El Ideal Andaluz». Biblioteca Virtual de Andalucía.
No está de más observar las utilidades de la propuesta que Blas Infante hizo a la sociedad andaluza y que merece ser revisada por los andaluces actuales: en “Ideal Andaluz” hay un programa político en el que se declara como sujeto político al pueblo andaluz.
Esta obra se inicia con una clara declaración de intenciones:
“Este es el problema: Andalucía necesita una dirección espiritual, una orientación política, un remedio económico, un plan de cultura…”
Y se desarrolla en varias partes en las que Infante, partiendo de una idea “filosófica”, “el Ideal”, construye histórica y antropológicamente Andalucía como región diferenciada, que necesita un programa político y económico que la emerja como pueblo, con un diagnóstico y alternativas a la situación de la misma.
La estrategia en esa construcción para el autor está unida a un programa de reformas políticas y sociales basadas en la descentralización y la construcción de unidades intermedias entre los municipios y el Estado central, la cuestión de la tierra, la democratización y modernización de las instituciones y la vida política; y la reforma intelectual y moral a través de la educación y la cultura.
Infante escribe pues Ideal Andaluz con el fin de situar a Andalucía, tarea recurrente y presente en la actualidad, en un nuevo concierto del Estado español. Es la propuesta de un “andalucista” andaluz, que piensa que esa ideología es un instrumento con fines políticos como el federalismo y la democracia radical. Y que también cree que las menciones a la lengua, a la raza o a instituciones específicas del pasado, tan reiteradas en la fundamentación esencialista de los discursos identitarios dominantes de aquel momento, no es óbice para mostrar la emergencia de una cultura y un pueblo singular que ha convertido la capacidad del mestizaje en una virtud específica, y que ha sustituido la concepción etnicista que se desarrolla en otras comunidades por una orientación igualitaria y cooperativa.

Elecciones andaluzas hoy y ayer. (foto e infografía RTVE)
Pero en 2026, Andalucía que busca ese Ideal, y que es casi la quinta parte de la extensión de España y de su población, “es la comunidad autónoma con mayor porcentaje de habitantes en riesgo de pobreza y exclusión social (37’5%), once puntos por encima de la media española”.
Y el foco de esa situación, que explique por ejemplo un PIB que no pase del 13% del español, se pone en la endeblez de una estructura productiva de escasos valores añadidos, en la que predomina el sector servicios-el 67 % del PIB y el 74% del empleo- y, dentro del mismo, el comercio de distribución y el turismo. En el resto del producto destacan dos sectores, la construcción y la agricultura, que no llegan al 5% del PIB y el 7% del empleo. Un sector agrario que asienta población- estudiado por Blas Infante y los fisiócratas-georgistas, regeneracionistas de principios del siglo XX- y que hace cuarenta años componía más de la sexta parte del PIB y daba empleo a la tercera parte de esa población.
En definitiva, los sectores de mayor valor añadido como la industria, la investigación o la intermediación apenas alcanzan el 20% del producto andaluz. Y es de temer “que las decisiones de corporaciones privadas incrementen su capacidad extractiva-sobre recursos naturales como el agua, el suelo, los minerales, el sol o las playas-, con daños colaterales sociales y ecológicos; o que deriven sus inversiones y oficinas a regiones con mayor capacidad de presión política sobre instituciones nacionales y supranacionales”.
Por otra parte, siempre es complicado realizar paralelismos históricos y establecer analogías entre situaciones distintas. Pero en aquel momento histórico (1915), hace aproximadamente 110 años, y la actualidad, observamos una crisis internacional universal que configuró, y está configurando, un nuevo mapa mundial; un desarrollo del capitalismo financiero, que es globalizador; y una recurrente reestructuración territorial que sitúa a Andalucía en un nuevo concierto de la Nación española.
Por esto, el Ideal Andaluz que nos plantea Infante no deja de ser un intento de recuperación de Andalucía, una reflexión sobre la problemática de su presente, que nos puede servir ahora, para construir un futuro más justo para ella.
Es una fórmula de homologación que persigue dar carta de naturaleza política a una población, que encuentra “cómo valores esenciales y naturales de la humanidad, como son los de igualdad, libertad, solidaridad son reales y posibles por medio de un pueblo, el andaluz”. En una tierra que busca igualdad de oportunidades y soberanía en la toma de decisiones, incardinada en un “universo cada vez más mundializado y desigual”.
En tanto en cuanto se detectan las consecuencias de “nuestra dependencia económica y subalteneidad política, ello debe llevarnos a un diagnóstico para el futuro que supere ese extractivismo económico-ambiental”; y “dé respuesta a los retos actuales de la comunidad y a problemáticas como el desempleo, la precariedad laboral, el acceso a la vivienda y los servicios públicos, como la sanidad o la enseñanza”. Y a que se exploren las causas de esta situación y cuáles son los requisitos para enfrentarlas por nosotros mismos y “se cuestione el papel que históricamente se nos ha adjudicado con nuestros bienes comunes y recursos, tanto materiales como culturales y humanos, y se sustituya por una pedagogía para avanzar en la conciencia de cuáles son las razones estructurales para progresar como pueblo; y pensar en Andalucía desde Andalucía, desde nuestra propia historia, cultura e intereses”.
Y considérese, por último, que Andalucía no es una simple región o territorio, sino un pueblo con identidad histórica, cultural y política; y en la que se enhebran los planteamientos del andalucismo con las propuestas de una parte del pensamiento sociopolítico posmoderno actual, que reclama la necesidad de replantear las identidades políticas tradicionales y de construir nuevas legitimidades, en un mundo global, sobre la base de principios como la pluralidad o la multiculturalidad.
Un artículo de :
Juan Ruiz Valle
Profesor e Historiador







