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Parece irrealidad

Parece una irrealidad, ¿verdad?, que entrando en el tercer decenio del siglo XXI estemos confinados en cuarentena y padeciendo una pandemia igual que hace aproximadamente un siglo padeció el mundo entero, con la denominada gripe española, o mucho más atrás con innumerables epidemias de peste.

Parece una irrealidad, ¿verdad?, que a nosotros, orgullosos de nuestra tecnología, de nuestros conocimientos, de tantos avances que creíamos tener, nos tenga en cuarentena un virus, ¿nacido? en China, dicen, ¿creado? no se sabe donde, que ha puesto patas arriba todas nuestras espectativas y certezas.


Parece una irrealidad, ¿verdad?, como de la noche a la mañana, hemos descubierto que nada, ni nadie, de los que parecían muy importantes, casi imprescindibles, realmente lo eran. Se ha prescindido, sin que pase absolutamente nada, de futbol, automovilismo, conciertos, automóviles de lujo, etc, nos hemos dado cuenta y no deberíamos olvidarlo, aunque seguro que sí, quienes y qué cosas son realmente importantes e imprescindibles desde el primer momento en que vienen mal dadas: médicos, científicos, enfermeros, fuerzas de seguridad, agricultores, panaderos, trabajadores de tiendas y supermercados, e incluso maestros, es decir, casi todas aquellas profesiones a las que más le habíamos perdido el respeto como sociedad y a las que menos atenciones habíamos prestado en los últimos años.


Parece una irrealidad, ¿verdad?, pues así es, nadie piensa en llamar a ninguna figura del deporte, ni de la política, ni de los programas del corazón, ni nada parecido. Ahora, de pronto nos acordamos de todos esos médicos y enfermeros que llevaban años malviviendo a la espera de que les cayera un mísero contrato, porque el gasto en sanidad no era importante, ahora, que aprieta el parto, hasta están haciendo una llamada a los que se han jubilado recientemente.


Parece una irrealidad, ¿verdad?, como ha salido a flote dinero en grandes cantidades cuando ya todos teníamos cinturita de avispa de tanto aspretarnos el cinturón a lo largo de todos estos años de, ¿crisis?, o de grandes ganancias para las principales fortunas.


Parece una irrealidad, ¿verdad?, ver a todos esos ultraliberales en lo económico, que tanto han denigrado la intervención del estado en la economía, pedir auxilio, entre lloros, para que Papá Estado les libre de la ruina y lo que es peor, constatamos como Papá Estado está al quite, como siempre, a las primeras de cambio con los millones que hagan falta, ya no importa el déficit, ya no importa el endeudamiento, sabe perfectamente (Papá Estado) que ya se socializarán estas pérdidas y las pagaremos, no entre todos, sino los de siempre, los que no podemos hacer encajes de bolillos en lo financiero, ni tenemos ningún capital en paraisos fiscales.


Parece una irrealidad, ¿verdad?, pues no, así son las cosas, pura y duramente.


¿Aprenderemos algo de todo esto? con toda seguridad que no, es más, seguro que una vez pasado cuatro días, volveremos a olvidarnos de quienes eran los importantes. Volveremos a endiosar y a hacer millonarios a futbolistas, concursantes de realitis o «influencers». Volveremos a votar a todos aquellos que nos digan que nos van a quitar los impuestos y que hay que acabar con todo lo público (sea sanidad, educación, investigación etc.). Y sobre todo, volveremos a mirar por encima del hombro, cuando no a agredir, verbal o físicamente, a todos aquellos a los que ahora, todas las tardes, aplaudimos desde las ventanas.

Un artículo de José Fernández Ruiz

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