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Los secretos del Río Guadalora

Desde hace tiempo llevo queriendo escribir este artículo, pero la falta de tiempo ha retrasado su publicación. En la nueva situación de cuarentena que vivimos en este país, he conseguido pararme un rato y escribir, precisamente ahora, sobre espacios abiertos, naturaleza y agua salvaje.

El río Guadalora confluye con el Bémbezar poco antes de que éste se encuentre con el Guadalquivir. A pesar de que normalmente lleva poco caudal, es un río que cuenta con casi 35 kilómetros de curso, desde su nacimiento en el corazón del parque natural Sierra de Hornachuelos cerca del Cerro de las Tiesas. En su curso medio el arroyo Guadalora es muy conocido por albergar la ruta con más valor paisajístico de la Sierra de Hornachuelos. En el tramo en el que el cauce del Guadalora es acompañado por el Sendero señalizado, podemos observar en primer lugar las ruinas del molino de La Paloma. A pocos kilómetros, el agua se filtra bajo tierra y el arroyo se disfraza de cauce seco que sólo recupera la vida en años de mucha lluvia o en temporales. El agua vuelve a fluir en el manantial que aparece cerca a la pasada de Esira.

Sin embargo, la zona más secreta y desconocida comienza justo donde el sendero conocido deja atrás el molino de la Paloma y asciende hasta la Fuente del Conejo. En este tramo alto, el discurrir de este río es irregular y muy encajonado entre barrancos. A pesar de la dificultad para llegar a esta parte alta ya que no existe sendero y hay que remontar el río por el cauce, la ribera posee una exuberante vegetación con abundantes pozas y saltos de agua.

 

Desde hacía varios años, había observado en la primera edición del mapa topográfico que el curso del Guadalora era largo y que además, aparecían mencionados dos molinos desaparecidos en los mapas actuales. Por esta razón, hace unos quince años tres amigos intentamos ascender por el arroyo, pero lo abrupto del terreno y la existencia de mucha vegetación ( zarzas y rosales silvestres ) en la ribera nos impidieron la subida.

 

Sin embargo, en el año 2012, hablando con Curro Mesa ( amigo tristemente fallecido gran conocedor de la Sierra de Hornachuelos ), nos decidimos a remontar el río. A pesar de que existe un camino público que lleva hasta el molino del Batán, hoy día está usurpado, cerrado y perdido. En la primavera del año 2012 y para evitar encuentros con los guardas de las fincas colindantes, remontamos el río por el espacio de servidumbre y dominio público hidraúlico. La ruta dura unas cinco horas de ida y otras cinco de vuelta hasta el punto de partida y resulta dura, pues hay que alternar el camino por la orilla donde la vegetación suele impedir el paso, con la remontada por el agua del río.

El primer tramo es el más duro, pues la vegetación impide la caminata y usualmente hay que entrar en el río para continuar. Además a pesar de tener una gran belleza, los árboles de ribera ( olmos y sobre todo alisos ) están sufriendo una gran merma por la bajada de caudal del arroyo. Esta disminución del torrente está causada por las cada vez mas frecuentes sequías y por la existencia de estaciones de bombeo en el mismo cauce, algo que resta agua al río y seca su ribera.

Horno del molino de la cueva del negro

El segundo tramo está delimitado por el cruce sobre el cauce del camino particular que lleva a la finca de Torralba. En este mismo vado sobre el río, existe una tela metálica que corta el cauce de orilla a orilla y su servidumbre de paso, algo que es ilegal. A partir de este punto, la belleza del recorrido es grande, el río se abre y deja paso a una ribera cubierta por alisos y sin vegetación. Esta amplitud es aprovechada por animales como ciervos y muflones, que bajan a refrescarse al cauce.

Torre del molino de la cueva del negro

En este punto estamos muy cerca del primer molino, conocido como el de la vega o cueva del Negro. Este complejo de dos molinos estuvo relacionado con la explotación de las tierras circundates por los monjes basilios del Tardón, que tenían su convento central en la cercana aldea de San Calixto. Un poco más arriba, el río Guadalora crea un salto de agua de gran belleza.

En esta catarata de agua, como en otras similares que hay en este tramo, la cascada de agua ha producido covachas en las que desde dentro puedes ver caer el agua. En la parte superior de este salto de agua, se encuentra la azuda del anterior molino y las ruinas de otro molino de torre del mismo periodo. Desde aquí hasta el molino del batán, los estanques naturales creados por el discurrir del río y su unión con la vegetación de ribera crean un espacio único de gran belleza.

Azuda del molino de la cueva del negro

 

Restos de molino hidraúlico

Toda esta zona tiene un gran valor ecológico y es reserva natural fluvial por su buena conservación. El impacto humano es mínimo, pero existe un problema con las estaciones de bombeo de agua que le quitan caudal al río. Aún así todo el paraje tiene una gran belleza y merece ser protegido y conocido. La recuperación del camino público es esencial para dar a conocer este magnífico lugar de Sierra Morena. Esta restauración del acceso tradicional no debería significar la apertura a los vehículos de motor, o la llegada masiva de visitantes, que alteraría el frágil equilibrio de un lugar único.

Un artículo de Emilio J. Navarro Martínez

4 Comentarios

  • José Fernández Ruiz

    Precioso paisaje, precioso artículo Emilio y preciosas fotografías. Lo de la usurpación de terrenos ajenos por parte de los terratenientes, no tienen bastante con lo que tienen, ya es una cosa endémica en este país y lo peor es que cuentan con la complicidad de gobernantes y fuerzas del orden público. Lastimoso.

  • Moisés

    Este recorrido es, con diferencia, el más guapo que hemos hecho.
    Es duro, sí, pero merecen la pena los arañazos y resbalones…
    Siempre lo pongo de ejemplo cuando salgo por ahí con alguien a hacer un sendero, o a la montaña -incluso en otros países-, con frases de abuelo, del tipo: «pues la subida del Guadalora poco tiene que envidiar a esto» 😄😄

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